La mitad de los peces que se pescan en la mar del Norte se vuelven a arrojar muertos al mar.

Desde la Web www.niunpezporlaborda.org se hace un llamamiento internacional para tomar conciencia sobre el problema del descarte de pescado que, pudiendo ser consumido, se desperdicia por aplicación de las absurdas leyes de cuotas que impone la Unión Europea.

Según los responsables del portal en aguas europeas se desperdician al año más de un millón de toneladas de peces. Se trata en todo caso de pescado capturado que puede ser consumido pero que se descarta por varias razones siendo particularmente llamativas las siguientes:

  • Los límites en la cuota. La Normativa Europea establece unas cuotas que limitan el volumen de capturas por especie que los  pescadores pueden pescar. Cuando se alcanza dicha cuota, los pescadores están obligados a tirar por la borda todo el exceso capturado.
  • La talla mínina. Todo pescado capturado que no alcance la talla mínima de madurez debe ser descartado.
  • Uso de artes no selectivas. Todo pescado que no es especie objetivo o tiene menor valor comercial  se devuelve al mar.

Estas Leyes se han promulgado para intentar conservar las poblaciones de peces, pero debido a la forma en que se reparten las cuotas están teniendo el efecto contrario. La razón está en que el pescado descartado se devuelve al mar muerto o con muy pocas probabilidades de sobrevivir, lo que pone de manifiesto un claro desperdicio de los recursos pesqueros.

Dado que los descartes no están controlados, es dificil saber con exactitud cuantos peces se devuelven al mar. No obstante los responsables del portal citan estudios de 2011 que estiman que el 42% del pescado obtenido por técnicas de arrastre es descartado, mientras que en la pesca artesanal este porcentaje baja hasta el 3%.  Posiblemente el fondo de la decisión de la UE, tomada en julio de 2012, de proponer el abandono progresivo de las artes de arrastre y volanta hasta su desaparición en 2 años, podría estar detrás de la búsqueda de una solución al problema, que en todo caso parece llegar tarde y muy lentamente.

La solución al problema pasa primero por dar prioridad a la pesca selectiva. Segundo, como consumidores, debemos exigir pescado sostenible y esto se consigue eligiendo pescado de temporada procedente de nuestro litoral, preferentemente el procedente de la pesca artesanal o de artes menores y siempre fijándonos en el etiquetado  de los productos que compramos.